INTRODUCCIÓN
El interés por la vejez y los
procesos de envejecimiento se ha producido a lo largo de toda la historia de la
humanidad aunque no siempre con un carácter científico. Los seres humanos de
todas las épocas se han preocupado por prolongar su vida con la intención de
luchar contra la muerte y alcanzar la eterna juventud.
Birren (1961) distingue tres
períodos históricos en la investigación del envejecimiento:
1.
Período inicial, comprendido entre 1835 y 1918.
2.
Comienzo de la investigación sistemática del
envejecimiento, situado entre ambas guerras mundiales.
3. La
“fase de expansión de las investigaciones
sobre el envejecimiento”.
Posteriormente, Lehr (1980)
basándose en Birren señala que los principales momentos históricos en el
estudio del envejecimiento pueden ser agrupados en cuatro periodos denominados:
1.
Manifestaciones pre científicas.
2.
Período inicial de la investigación científica de los
procesos de envejecimiento psíquico.
3.
Comienzo de la investigación sistemática del
envejecimiento.
4.
Fase de expansión de las investigaciones sobre el
envejecimiento.
Fernández Ballesteros (2000)
compendia los periodos citados anteriormente de Lehr en tres denominados:
1.
Precursores.
2.
Antecedentes científicos.
3.
Consolidación.
La propuesta histórica que se presenta recoge las
aportaciones de estos autores pero pretende ir más allá. Se considera la
existencia de tres fases históricas que se corresponden con el nacimiento y
desarrollo de tres disciplinas distintas y claves en el estudio del
envejecimiento: la Geriatría, la Gerontología y la Psicogerontología. Estas
disciplinas no se desarrollan a lo largo de períodos temporales estancos sino a
lo largo de un continuo histórico por lo que no se realiza una delimitación
fechada para cada fase.
Las tres fases históricas del
envejecimiento son las siguientes:
1.
Fase de arranque en la investigación sobre el
envejecimiento ( Geriatría ).
2.
Fase de desarrollo en la investigación sobre el
envejecimiento (Gerontología).
3.
Fase de eclosión en la investigación sobre el
envejecimiento ( Psicogerontología ).
Estas fases muestran como el
estudio de la vejez y el envejecimiento es abordado de forma diferente y con
intereses distintos a lo largo de la historia, lo que ha hecho que surgieran
distintas disciplinas. Se ha intentado determinar los aspectos históricos que
contribuyeron, de forma más relevante, a la formación de cada una de las
disciplinas. No obstante, a pesar de la división establecida, en ocasiones
algún hecho histórico o investigación puede considerarse como el antecesor de
varias disciplinas.
DESARROLLO DEL TEMA
4.1. FASE DE
ARRANQUE EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENVEJECIMIENTO (GERIATRÍA)
Es necesario conocer las concepciones y consideraciones que
se han producido sobre la vejez a lo largo de la historia según las culturas
porque todas estas aportaciones de pensadores, literatos y científicos son los
antecedentes del desarrollo de la investigación posterior y especialmente del
nacimiento de la Geriatría. No obstante, algunas aportaciones también pueden
ser consideradas como antecedentes de la disciplina de la Gerontología.
En la literatura bíblica del Antiguo Testamento la vejez es
considerada de una forma positiva y sublimatoria. Se destaca constantemente la
dignidad y la sabiduría de las personas mayores junto a las especiales
cualidades de la vejez para cargos elevados. De esta manera, las personas
mayores se convierten en ejemplo o modelo, así como en guía y enseñanza.
La cultura griega ofrece multitud de actitudes y cambios
sobre los roles, atributos y expectativas acerca de las personas mayores a
través de los diferentes modelos culturales que jerarquizan las edades del
individuo y las capacidades propias de cada edad. Fundamentalmente, destaca la
concepción platónica y la concepción aristotélica que se diferencian en el
sentido que otorgan a las personas mayores.
Platón en la República
adopta una postura de máximo respeto por las vivencias de las personas mayores.
Elogia a la vejez como etapa de la vida en la que las personas alcanzan la
máxima prudencia, discreción, sagacidad y juicio, y las ofrece en la comunidad
funciones de gran divinidad y responsabilidad, directivas, administrativas y
jurisdiccionales y superiores en estima social. Hace resaltar, sobre todo, los
agentes individuales del envejecimiento, considera que las vivencias del fi nal
de la vida están muy determinadas por la forma en la que se vive durante la
juventud y en la adultez, y explica cómo habría que prepararse para la vejez.
Así pues, Platón es un antecedente de la visión positiva de la vejez, así como
de la importancia de la prevención y profilaxis.
Por el contrario, Aristóteles presenta una imagen más
negativa de la persona mayor. En su Retórica
(libros II, XII, XIIIXIV, 3), destaca el afán de disputa en la edad avanzada e
interpreta la compasión como una debilidad. La “senectud”, que es la cuarta y última etapa en la vida del hombre,
equivale a deterioro y ruina. Es una etapa de debilidades, digna de compasión
social e inútil socialmente. Además, las personas mayores son caracterizadas
como desconfiadas, inconstantes, egoístas y cínicas. En su escrito De generatione animalium asocia la vejez
con la enfermedad. Estas visiones antagónicas sobre la vejez de Platón y
Aristóteles van a ser continuadas y matizadas por diversos autores a lo largo
de la historia del pensamiento humano. Son, además, las responsables de muchos
de los estereotipos tanto positivos como negativos presentes en la sociedad
actual.
Así, Cicerón en su obra
Cato Maior de senectute presenta una imagen positiva de la vejez. Incluye
multitud de datos acerca de las modificaciones que experimenta la capacidad de
rendimiento mental en las personas mayores y las ilustra con ejemplos
individuales tomados de la historia griega y romana en los que se destacan los
grandes hechos políticos, científicos y artísticos llevados a cabo por
personas de más de 80 años. Conoce el relevante papel que desempeña la sociedad
al determinar las vivencias y el proceso de envejecimiento. Además, valora a la
persona mayor al destacar que debemos aproximarnos a ella con respeto y
veneración, no animados por el afán de ayuda, sentimientos de compasión, ni por
prejuicios acerca de su capacidad de responsabilidad y rendimiento. La forma de
envejecer depende en gran medida del “rol
de la persona mayor” que determina la sociedad.
Para Cicerón el aumento de entendimiento y razón, de
ponderación y tolerancia, de capacidad de juicio y de perspicacia, de dignidad
humana y de sabiduría en la vejez sólo se produce, cuando estas cualidades se
han visto ejercitadas durante toda la vida. Es importante mantener en la vejez
la continuidad en la acción y en la ejercitación e incluso integrar aspectos
nuevos a las experiencias ya existentes (Leibbrand, 1968).
Horacio de forma plástica y literaria en su Arspoetica muestra una imagen fatalista
de la vejez y considera que no es ni una etapa dorada de la vida ni el momento
culminante de felicidad personal. Considera que la muerte es inevitable y ante
ella no deben adoptarse actitudes de resignación. Hay que gozar de la
existencia según las posibilidades de la edad.
A lo largo de la Edad Media son transmitidos y acentuados
ciertos estereotipos asumidos de las tradiciones culturales precedentes.
Destaca, por una parte, San Agustín que dignifica la visión cristiana de la
persona mayor ya que de ella se espera un equilibrio emocional y la liberación
de las ataduras de los deleites mundanos, y por otra, Santo Tomás de Aquino que
afianza el estereotipo aristotélico de la vejez como período decadente, física
y moralmente, en el que las personas mayores están marcadas por comportamientos
de interés únicamente personal.
En la época renacentista, se rechaza lo “senil” y lo “viejo”, se evade el tema de la muerte, se da una
imagen melancólica de la persona mayor e incluso se le atribuyen artimañas,
brujerías y enredos. Se configura así un perfil renacentista mínimamente
contrarrestado por la permanencia del estereotipo de la sabiduría. En cambio,
durante el período barroco adquieren la máxima actualidad y cultivo los temas
del control de los vicios y pasiones, el perfeccionamiento constante en la vida
y en la vejez, y el problema de la muerte.
Fueron muchos los grandes poetas y pensadores de tiempos
pasados que se ocuparon muy a fondo del proceso de envejecimiento. Así, por
ejemplo, pueden destacarse autores como Shakespeare, Schopenhauer, Hölderlin y
Humboldt que consideran la vejez no sólo como una “época difícil” sino también como una etapa de la vida que ofrece
aspectos agradables.
Estas aportaciones filosóficas y otras manifestaciones
humanas relevantes acerca de la vejez son los antecedentes, principalmente, de
la Geriatría y constituyen la fase de arranque en la investigación sobre el
envejecimiento.
Algunos autores como Comfort (1964) consideran que la
investigación científica del envejecimiento comienza con la publicación del
libro de Bacon titulado History of Life
and Death en el que se plantea la idea, en su momento precursora, de que la
vida humana se prolongaría en el momento en el que la higiene y otras
condiciones sociales y médicas mejorasen. Este libro mostraría ciertos matices
propios de la Geriatría.
El aspecto más
relevante de la “fase de arranque” es
la aparición de la Geriatría como disciplina. Nascher introdujo en 1909 el
concepto de “geriatría” (geriatrics),
paralelo al de “pediatría”
(pediatrics), conquistando para la medicina un nuevo territorio. Por ello, ha
sido considerado como el “padre de la
investigación médica de la vejez” (Streib y Orbach, 1967, p. 615). Durante
los siglos XVIII y XIX se realizaron una serie de trabajos sobre la vejez,
sobre las modificaciones debidas a la misma y sus manifestaciones patológicas
específicas; aunque fue Nascher el primero que dio importancia al aspecto
médico social del problema. Streib (1967) le designa como el “pionero de la medicina social”.
En este sentido, las primeras
investigaciones científi cas promovidas durante el siglo XIX sobre la vejez han
tenido fundamentalmente una orientación médico-geriátrica que únicamente
consideraba los aspectos de declive biológico de las personas mayores.
Posteriormente, tal y como veremos surgieron aportaciones desde otra disciplina
que vinieron a cambiar la visión negativista de la Geriatría y a ofrecer un
nuevo punto de vista sobre el proceso de envejecimiento.
4.2. FASE DE
DESARROLLO EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENVEJECIMIENTO (GERONTOLOGÍA)
La fase de desarrollo en la investigación sobre el
envejecimiento está formada principalmente por las aportaciones de autores como
Quetelet, Galton, Paulov, e incluso en cierta medida Hall, que son considerados
los antecedentes de la disciplina de la Gerontología.
Autores como Birren señalan la fecha de 1835, en la que
Quetelet publicó su obra Sur l`homme el
le développement de ses facultés, como la inauguración científi ca de la
Gerontología. En esta obra Quetelet manifi esta la importancia que tiene
establecer los principios que rigen el proceso por el que el ser humano nace,
crece y muere. Además, comparó el rendimiento cuantitativo de determinados
dramaturgos ingleses y franceses, en distintos años de su vida, convirtiéndose
así en el precursor de futuros trabajos sobre el problema del desarrollo de la
inteligencia y del rendimiento. La importancia de Quetelet para la
investigación del envejecimiento se encuentra, por una parte, en que se opuso a
la generalización de las comprobaciones aisladas y propugnó la realización de
investigaciones científicas rigurosas; por otra, en que destacó la relación
entre las influencias biológicas y sociales, incluso en el proceso de
envejecimiento. Criticó las investigaciones realizadas hasta entonces en este
sector reprochándoles no haber relacionado nunca las facultades especiales con
las distintas edades, no haberse planteado la posibilidad de ciertas modifi
caciones y no haberse interesado en cómo se infl uyen mutuamente las diversas
facultades. Birren (1961, p. 70) afirma al respecto: “Con estas palabras y datos, Quetelet inicia claramente la psicología
del desarrollo y del envejecimiento”. Otra de las aportaciones interesantes
de Quetelet es que describe la finalidad de la psicología del desarrollo.
Galton, influido por Quetelet, publicó su obra Inquiry into human faculty and its
development en 1883. Sospechó que existían ciertas relaciones entre la duración
de la juventud y la diferenciación de la personalidad. Además, basándose en
datos antropométricos sacó conclusiones acerca de la psique humana y descubrió
unos métodos más directos para el estudio de la capacidad mental. Intentó
captar las modificaciones que el organismo o la constitución sufren en la
vejez y correlacionarlas con cambios comprobables eventualmente en la esfera de
la psicomotricidad, de los procesos de percepción y de “los procesos mentales más elevados”. Así destacó la importancia de
la repetición de estas investigaciones comparadas durante el curso de la vida
para verificar en cada caso el coeficiente de incremento del desarrollo o la
rapidez del cambio. A partir de este momento, se consideró a Galton como uno de
los primeros representantes de la investigación longitudinal del conjunto de
disciplinas afines. Sin embargo, la mejor contribución de Galton a la
investigación del envejecimiento data del año 1885 cuando destacó que la
precisión del rendimiento de la capacidad visual aumenta hacia los 20 años
aproximadamente y se mantiene hasta casi los 60.
Una contribución esencial de esta “fase de arranque en la investigación sobre el envejecimiento”,
correspondiente al período final del siglo XIX, es el afán de los
investigadores por lograr medidas objetivas. Aunque todavía se utilizaban
métodos descriptivos éstos ya no se basaban en la intuición o en observaciones
aisladas sino que se apoyaban en unidades de medida, datos cuantitativos y
cálculos estadísticos.
Otro autor considerado como el precursor de la Gerontología
es Paulov que intentó establecer conexiones entre los aspectos fisiológicos y
psicológicos, las funciones del sistema nervioso central y los modos de
comportamiento observables; y demostró que los perros mayores formaban más
lentamente sus reflejos condicionados, “aprendían
más despacio”. Además, Pavlov descubrió en 1926 que, si se administraba una
serie demasiado rápida de determinados estímulos, los animales de
experimentación más mayores reaccionaban con un estado de confusión a causa de
la menor conductibilidad de las vías nerviosas, porque las huellas del último
estímulo influían todavía sobre la reacción a los estímulos siguientes. Es una
teoría que, hoy día, todavía se toma para explicar los procesos de envejecimiento
en el proceso de aprendizaje.
El hito realmente importante en esta fase de desarrollo en
la investigación sobre el envejecimiento fue la introducción por Rybnikov
(1929) del término “Gerontología”. El
objeto y la finalidad de esta nueva disciplina fueron defi nidos del siguiente
modo:
“Gerontología: la investigación del
comportamiento en la edad provecta ha de convertirse en una rama de
especialización dentro de las ciencias del comportamiento. La finalidad de
esta ciencia es la investigación de las causas y condiciones del envejecimiento,
así como el estudio y descripción cuidadosa de los cambios del comportamiento
regularmente progresivos y que se hallan relacionados con la edad”.
En el año 1939, apareció el libro de Cowdry: Problems of Aging(Problemas del
envejecimiento), concebido primordialmente desde un punto de vista médico, pero
que posteriormente fue ampliado con aspectos sociales, psicológicos y
psiquiátricos. Esta obra puede ser considerada el primer tratado de
gerontología.
Este mismo año se fundó, en Estados Unidos, el “Club para la investigación del
envejecimiento” (Club for Research on Aging) que convocaba anualmente dos
conferencias dedicadas a fomentar y discutir los descubrimientos sobre
gerontología. Streib y Orbach (1967, p. 616-617 y 637) indican que todavía, por
aquel entonces, se hallaba determinada íntegramente la gerontología por las
ciencias medicobiológicas y sólo se hacían algunas concesiones a la psicología
siempre y cuando se ciñera a una orientación exclusivamente fi siológica;
respecto de las ciencias sociales hay que indicar que estaban bastante al
margen de la gerontología. Muy poco tiempo después y gracias a la intervención
del U. S. Public Health Service, se
creó una sección de gerontología en el National
Advisory Committee que se interesó ampliamente por las orientaciones fisiológica y psicológica (Birren, 1961, p. 76). Así, los problemas de la vejez
fueron abordados cada vez más sistemáticamente.
Debido a las circunstancias creadas por la segunda guerra
mundial, los años siguientes fueron relativamente estériles en la investigación
del envejecimiento, hasta que, en 1945, se organizó la Gerontological Society en los Estados Unidos, a raíz de la
fundación por Pressey de una sección denominada “Madurez y ancianidad” (Madurity and Old Age) en el seno de la American
Psychological Association. A partir de 1946, aparece el “Journal of
Gerontology” y en un editorial del mismo se describe el objeto, las tareas
propias de la gerontología y se subraya su afinidad con otras muchas
disciplinas, sin excluir ni las ciencias naturales, ni las sociales.
El primer congreso de la Sociedad de gerontología
norteamericana se celebró en Detroit, en 1947, y en su discurso presidencial,
Pressey definió las metas de esta sociedad señalando que después de haberse
centrado la investigación en el desarrollo de la infancia y la adolescencia, lo
importante ahora era estudiar la edad avanzada de la vida (vejez y
envejecimiento). A partir de dicha época, en los países anglosajones se
articuló un trabajo de equipo para intentar comprender los problemas
gerontológicos; en Alemania, en cambio, cada ciencia intentaba avanzar por
separado hasta que en el año 1938-1939 se fundó la primera revista dedicada al
estudio de la vejez, que se tituló
“Zeitschrift für Alternsforschung” (Revista de investigación del
envejecimiento) y en la que el psiquiatra Gruhle se esforzó por introducir el
planteamiento de ciertas cuestiones psicológicas en la discusión sobre los
problemas relativos al envejecimiento. Pero fue a partir de 1967, cuando se
logró una colaboración auténticamente fecunda entre las distintas disciplinas
científicas, al constituirse de nuevo en Alemania occidental la Sociedad
alemana para la investigación de la vejez. En el primer congreso, se cambió su
nombre por el de “Sociedad alemana de gerontología”
y comprendía desde entonces una sección de “psicología”
y otra de “sociología”. Otro hito
histórico importante de expansión es la creación en 1948 de la Sociedad Española de Geriatría y
Gerontología.
En relación con el desarrollo internacional, en 1950 y
durante un Congreso celebrado en Lieja, se fundó la Asociación Internacional de
Gerontología, que reúne a científicos de las más diversas especialidades y
tiene por finalidad la investigación de los procesos de envejecimiento. Desde
entonces se han realizado varios Congresos Internacionales y Asambleas siendo
la última la realizada en Madrid en el año 2002.
Un análisis detallado de las
comunicaciones de estos congresos, permite reconocer que, hasta 1960, el centro
de interés de la investigación se encontraba en los cambios verificados en el
rendimiento y en las funciones y se estudiaban sobre todo las condiciones
biológico-fisiológicas de tales cambios. Hacia mediados de la década
1950-1960, se observó un desplazamiento del interés a temas de psicología de la
personalidad y social. Fue adquiriendo una importancia cada vez mayor la
investigación sociológica.
4.3. FASE DE
ECLOSIÓN EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENVEJECIMIENTO (PSICOGERONTOLOGÍA)
La disciplina de la Psicogerontología surgió durante el
desarrollo de la Gerontología y es considerada una parte de ella por lo que
resulta muy difícil delimitarla. No obstante, Hall puede ser considerado el
antecesor histórico de la Psicogerontología.
De acuerdo con Birren (1961), entre 1918 y 1940, en el
ámbito angloamericano, se produjeron ciertos estudios experimentales en los que
se trataban los problemas relativos a la inteligencia y la medida del
rendimiento, la psicomotricidad y la capacidad de reacción y se empleaban como
métodos los tests psicológicos.
Hall en 1922, próximo a los 80 años, escribió Senescence,
the last half of life con el deseo de contribuir a “una mejor y más correcta comprensión de la naturaleza y funciones de
la edad provecta y ayudar asimismo, como psicólogo, a la ciencia -tanto tiempo
deseada, pero tanto tiempo demorada- de la gerontología”. Este libro es el
primer estudio psicológico sobre la investigación de la vejez en Estados
Unidos; por lo que, Munnichs (1966) lo ha llegado a catalogar como “el primer psicogerontólogo”.
Hall (1922) se oponía a la creencia muy difundida de que la
vejez era el reverso del desarrollo de la adolescencia. De esta forma, se negó
a aceptar un “modelo deficitario”,
basado en el aumento de conocimientos y facultades en la juventud, el
desarrollo máximo en la adultez media y la disminución de la capacidad junto
con la involución, en la vejez. Pretende demostrar que la juventud y la vejez
poseen su propio y específico modo de “sentir,
pensar y querer”. Además, se basa en los resultados de sus investigaciones
para señalar que las diferencias individuales de la vejez son mucho mayores que
las de la juventud. Este descubrimiento apoyado por los resultados de
investigaciones recientes pone de manifiesto la problemática del límite
cronológico de las edades. Intentó corregir por medio de investigaciones
empíricas algunas estereotipias relativas a la vejez como que con los años,
crece el miedo a la muerte y se vuelve más firme la vinculación a la religión.
Las investigaciones experimentales posteriores realizadas en
Estados Unidos e Inglaterra estudiaron el proceso de envejecimiento desde el
comienzo de la edad adulta. Se produjo el cambio de los términos “old age” y “senescence” por “age” y “aging”.
El año 1928 fue muy importante con respecto a la investigación
de la vejez porque Miles fundó en la Universidad Stanford, el primer gran
instituto destinado especialmente al estudio de los problemas del
envejecimiento. La investigación se centraba en las alteraciones en la
capacidad del rendimiento mental. Las pocas investigaciones existentes hasta
entonces y los resultados de las investigaciones de Miles mostraron
coincidencia con los estudios al señalar que con el aumento de edad se producía
una disminución de la capacidad intelectual.
Dentro de la investigación alemana del envejecimiento es de
gran importancia una publicación en el Tomo I de “Zeitschrift für Alternsforschung” (1938) del psiquiatra Gruhle
titulada Das seelische Altern (El
envejecimiento psíquico) que reunía algunas consideraciones sobre las difi
cultades de adaptación, de asimilación de nuevos contenidos del pensamiento,
sobre la facilidad de olvido de las cosas y la actitud de terquedad, así como
la creciente irritabilidad de las personas que envejecen, todo lo que caracterizaría
el “proceso típico del envejecimiento”.
Esta consideración determinó, durante mucho tiempo, desde el punto de vista de
la patología la creencia en una norma que se aplicaba a los procesos de
envejecimiento psíquico, dentro precisamente del pensamiento médico. Todavía
incluso en el presente el envejecimiento se muestra como una variante
patológica de “lo normal”. El
envejecimiento como proceso de descenso, de involución, de pérdida de
facultades y de contactos sociales ha sido el que ha predominado. Incluso las
afirmaciones positivas acerca de una
“creciente lucidez y sabiduría” son interpretadas por Gruhle como “carencia
de afectividad” y “comienzo de
embotamiento”.
Durante el período entre ambas guerras mundiales, en los
países de habla alemana sólo cabe señalar muestras muy aisladas de
investigación junto a las afirmaciones de los psiquiatras. Se puede destacar a
Giese (1928) con su encuesta sobre las
vivencias subjetivas de envejecimiento y especialmente a Bühler (1933) que
intentó dar una visión de conjunto de la evolución de la vida desde la primera
infancia hasta el final y considerarla articulada con arreglo a ciertas fases
del modelo de vivenciar las cosas, a los objetivos vitales y acomodación al
régimen de determinados valores. A finales de la década de los años 30,
Bracken (1939) intentó introducir en Alemania la investigación psicológica del
envejecimiento. A este autor además de las modificaciones de la capacidad de
rendimiento mental, le interesaban los cambios confirmados en el “mundo interior de la mente” y, en
general, las “transformaciones de la
personalidad humana en la adultez media y baja”. Finalmente, entre los
“pioneros” de la investigación psicológica del envejecimiento de la década de
los 30, se encuentran Rothacker (1939), Stern (1931) y Vischer (1943, 1948),
que se centraron en la problemática del envejecimiento, aunque mediante afirmaciones filosóficas con poca base empírica.
La investigación psicogerontológica de la vejez se dirige a
las aptitudes mentales, el funcionamiento de la memoria, las habilidades y
estrategias de aprendizaje, la elasticidad o rigidez del carácter, el
autoconcepto, la afectividad y movilidad emocional, la regresión de la
personalidad en situaciones de inseguridad o la creatividad excepcional en la
vejez.
A partir de los años sesenta se produce una
reconceptualización en el estudio de la vejez ya que empieza a consolidarse un
modelo integral bio-psico-social que aglutina todas las perspectivas posibles,
biológicas, sociales y psicológicas. Esta perspectiva, es acorde con la definición de la salud humana establecida en 1946 por la Organización Mundial de la
Salud (O. M. S.) como un estado de bienestar físico, mental y social y no
simplemente como ausencia de enfermedades.
La nueva concepción de vejez conlleva entenderla como un
proceso de cambio, en el que el ámbito biológico-fisiológico es uno de los
aspectos junto con el conocimiento psicogerontológico y la faceta social o
sociogerontología. Desde este momento, el estudio del envejecimiento es
interdisciplinar y en él están implicados médicos, psicólogos, sociólogos y
asistentes sociales, juristas, ecologistas y arquitectos, con el objetivo de
esclarecer las interacciones entre los factores que forman el proceso de
envejecimiento, es decir, los factores bio-psico-sociales.
Sin embargo, quizás la
perspectiva más interesante en la investigación contemporánea del
envejecimiento sea la psicológica, siendo los psicogerontólogos los que más
aportaciones han producido a través de investigaciones de tipo longitudinal y
diseños generacionales. Estas aportaciones han contribuido al reconocimiento
científico de la Gerontología.
CONCLUSIONES
El interés por el proceso de envejecimiento en general
surgió a mediados del siglo XX, cuando los científicos volvían de la Segunda
Guerra Mundial y se enfrentaban a una población cada vez mayor. Entonces, una
vez vencidas muchas enfermedades infecciosas, por primera vez en la historia
era habitual que la gente llegara a una edad avanzada. A finales de los años
cuarenta, el Instituto Nacional de la salud patrocinó un instituto de la vejez.
En ese mismo periodo se constituyeron la Sociedad Gerontológica de América y la
División de la Madurez de la Vejez, llamada hoy División del Desarrollo de los
Adultos y de la Vejez de la Asociación Psicológica Americana.
En las décadas siguientes, animadas por la eclosión de la
población de personas mayores, estas organizaciones florecieron, y se aceleró
la investigación sobre psicología del envejecimiento (Riegel, 1977). En 1959 se
habían publicado suficientes estudios para obtener un manual sobre el tema. En
1964 apareció el primer libro de texto universitario. Destaca en 1986, la
creación de una revista, Psychology and Aging (Psicología y envejecimiento),
dedicada exclusivamente a la investigación psicológica sobre el desarrollo de
los adultos y de las personas mayores.
Además, hay que señalar que al considerar que la conducta de
las personas mayores está confi gurada por múltiples circunstancias, desde su
estado de salud a su lugar en la historia, desde su situación económica hasta
el funcionamiento de su cerebro, se facilitó el nacimiento de la Sociedad
Gerontológica de América. Este sentimiento multidisciplinar o compartido se
pone de manifiesto posteriormente en distintas revistas de gerontología
multidisciplinares y en los institutos de gerontología de las universidades.
Hoy, la psicología del envejecimiento es un campo, en cierta
medida, vigoroso y asentado que se encarga de explorar el deterioro relacionado
con la edad. Muchos departamentos de psicología imparten cursos sobre la vejez
o la gerontología a sus universitarios e incluso los licenciados en psicología
del desarrollo se pueden doctorar en esa especialidad. Además muchos
investigadores y psicólogos en activo se especializan en gerontología clínica o
geropsicología clínica, y valoran y tratan problemas emocionales propios de la
edad avanzada.
Pero, a pesar de estos grandes
avances logrados en el ámbito de la gerontología todavía quedan muchas dudas en
el camino sobre el proceso de envejecimiento, y en estos momentos debido a las
circunstancias socioeconómicas y demográficas tanto mundiales como del país
cada vez se hace más necesaria la investigación en este campo.
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